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Etiquetas: Columna, ABC

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Hombre libre asociado

Alejandro Gándara

28/4/2003

Los nacionalistas vascos quieren convertirse en un Estado libre asociado y yo no estoy seguro de que esos términos lleguen necesariamente a buen puerto, además de que son un poco raros. Porque una cosa es un Estado libre para asociarse y otra que la libertad ya salga asociada a la primera, con lo cual se pierde mucho de la gracia y bastantes virtudes que se pretendían. Creía yo que lo único que podía predicarse de la libertad es que era libre y, dada la redundancia, que lo mejor era no predicar nada y que la palabra anduviese suelta por ahí, ajena a compañías de las que nunca se sabe. Ejemplos notables de lo mal que matrimonia el concepto son "libertad vigilada", "libertad dentro de un orden", "libertad bajo fianza", etc. Otras veces revela carencias o demandas como en "libertad de expresión", "libertad de mercado", "libertad de asociación", "libertad de ideas", que si uno se fija un poco, cuanto más se pronuncian más en duda están puestas o más peligro corren. Así que si yo hiciera un Estado libre no lo asociaría con nada, ni siquiera con "asociado". Allá cada cual, de todas formas, que los vascos son muy suyos y a lo mejor en euskera el concepto solo está mal visto y lo carga el diablo. Con lo fino que es Arzalluz, y el plan estatal de caseríos adosados que se propone llevar a cabo, no me extrañaría nada que se lo haya pensado mucho.

En cuanto a lo de raro, raro es a más no poder. Un servidor ha hecho la prueba. En reciente conversación, comuniqué a mis hijos que a partir de ahora ya no era su padre, sino que era un padre libre asociado. Como el pensamiento abstracto no es lo suyo, inquirieron por la diferencia. Así, al pronto, no supe qué decir, pero de súbito las palabras desbordaron por la boca, no exentas de razón. En primer lugar, había sido oprimido históricamente por ellos desde el momento en que nacieron: había dejado de salir por las noches, impidieron la compra de un buga que tenía en mente a cuenta de satisfacer sus necesidades, mi caudal imaginativo quedó seco por culpa de pensar en sus numerosos traumas y los fines de semana en vez de salir a ligar les sacaba de paseo. La diferencia entre lo que me habían hecho y lo que te hacen en la cárcel es la misma que hay entre Álvarez del Manzano y un socavón. En segundo lugar, y obviamente, yo no era igual que ellos, a poco que percibieran la creciente alopecia, por no hablar de que yo sé lo que llevan dentro esos objetos que les sirven para apoyar el discman, llamados libros. Acosados como estaban, preguntaron: "¿Y cuál es la diferencia?". A lo que, victorioso y ufano, contesté: "Ya veréis, ya".

También hice la prueba con mi jefe, advirtiéndole de que a partir de ahora soy un empleado libre asociado. Al tipo, por extraño que parezca, le pareció muy bien y ya puestos me flexibilizó el contrato. Peor para él. Ahora en vez de trabajar celebro cada día el aberri eguna. Gano menos, pero me enardezco más y no tengo que ir a la oficina como él, mísero esclavo.

© 2008 Alejandro Gándara

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