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Etiquetas: Columna, ABC

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De razones y de visiones

Alejandro Gándara

17/3/2003

Esta época es lamentablemente tan buena como cualquier otra para describir la idiosincrasia intelectual de algunos españoles, debido quizá a la fragilidad o borrosidad de una auténtica historia intelectual o debido quizá a las pocas ganas de tener una. Sea como fuere, la ocasión la pintan calva (expresión que supongo se refiere a la mayor visibilidad que tienen las calvas respecto a las pelambres, ya que pueden fulgir a gran distancia, a diferencia del pelo espeso que se confunde en la multitud). A lo que iba, tal como yo lo veo, a la menor el país se nos escinde en dos grandes grupos, no necesariamente identificados con bandos específicos, que podrían denominarse racionarios y visionarios. Para ir adelantando algo, diría que Felipe González sería racionario y Aznar visionario, aunque cabe también que cada personalidad, a solas consigo misma, tienda a escindirse también ella en otras dos, y quién sabe si así hasta el infinito, lo que ya es mucho lío para que yo me meta en ello.

El racionario es un tipo que concede a la razón un valor que no tuvo ni en sus mejores tiempos, de modo que parece a ojos ajenos ultraconservador del raciocinio. Puede decir cosas del tipo: gato blanco o negro, pero que cace ratones. Suele ser un individuo que cree que dos y dos son cuatro, en las matemáticas y en la vida, pero fundamentalmente que el cuatro es él. Como consecuencia de esta visión del mundo, su razón equivale a la desaparición de cualquier otra razón que no sea la suya. No sé, es muy complejo, pero se parece bastante a lo que digo. Tanto le da afirmar que el motor de la historia es la lucha de clases, como que el mercado se regula a sí mismo. (A veces lo dicen individuos racionarios distintos, pero tampoco pasa nada si lo dice el mismo). En la actualidad el racionario puede dictaminar que Estados Unidos hace la guerra para quedarse con el petróleo o que la guerra acabará con el terrorismo. Pruebe a mantener ambas cosas a la vez y comprobará, querido lector, que su espíritu no sufrirá alteración alguna ni por supuesto secuelas.

El visionario, en cambio, concede a la visión el valor que los otros conceden a la razón. Su comportamiento aparente es semejante al de un niño con pesadillas nocturnas, incapaz de librarse de ellas durante el día. Cuando le explican que es mejor olvidarlas o que se curan con el tiempo, el visionario mira alrededor como si acabaran de depositarlo en Marte. Fíjense ustedes en las miradas de Aznar a Zapatero y comprobarán que no son hostiles, a pesar de lo que se diga, sino de asombro, como si en la pupila se reflejara un paisaje extraterrestre. Estos individuos, como los anteriores, también son duales y pueden afirmar (visionar) indistintamente, y cabe que al mismo tiempo, el próspero porvenir de España bajo el mando único estadounidense o un futuro en llamas a consecuencia de lo mismo. Lo único que no ven es lo que tienen delante. Digo yo.

© 2008 Alejandro Gándara

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