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Etiquetas: Columna, ABC

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El español y el universo

Alejandro Gándara

10/3/2003

La idea de que el español se expande como lengua de futuro a mí me suena como que el universo se expande, una cosa a medias entre la intuición matemática y la lírica, y cuyo valor de verdad es exactamente el mismo que si se afirmase lo contrario. De hecho, hay gente sabihonda que dice que el universo se contrae y, además de no perder el empleo, sigue viviendo igual de feliz. (Con el español hay que tener más cuidado, que es tema sensible y de mayor repercusión laboral).

Yo soy de los que afirman que el universo (hispano) se contrae, y eso se debe a que me fijo en los detalles, supongo. Por ejemplo, cada vez que voy y vuelvo de Estados Unidos me siento como retraído, algo así como si me hubieran encogido la gramática. Suele decirse que allí hay cuarenta millones de hispanoparlantes, lo que referido al centro global e imperial produce esa clase de cosquilleo que precede al entusiasmo y a veces al delirio postalcohólico. No obstante, te vas a cenar con novelistas cuyos padres una vez fueron latinoamericanos y te encuentras a los postres hablando en inglés o callado como un muerto. Es lógico, toda vez que ellos escriben en esa lengua y que aquí les conocemos traducidos (Ernesto Quiñonez, Francisco Goldman, Ernesto Mestre...). Los escritores que les impulsaron a la vocación tienen nombres tan poco mesetarios como Faulkner, Fittgerald o Carver. De la España cultural saben un poco más que yo de los circuitos nocturnos en Arkansas, aunque les interesa un poco menos. Y así todo.

La población hispana de las grandes ciudades como New York utiliza la lengua de la madre patria como arma de resistencia ante el ambiente extraño y a menudo hostil de la inmigración, pero en los negocios y en el desempeño de papeles sociales el idioma no se parece en nada al que hablan en La Mancha. Puede afirmarse que los hispanos, como tal cultura, son anglosajones por vocación y por devoción, lo que pasa que aún no les han dado la ciudadanía de primera. En cuanto se la den, se acabó el pastel, como se observa en quienes ya han conseguido empezar a jugar en la división de honor.

En cuanto al subcontinente, donde está el resto de esos cientos de millones que compartimos lengua de futuro, adviértase que es un pudridero político y social exceptuando uno o a lo sumo dos casos. El resultado es una inmigración y un nivel de desplazamiento de población que está conduciendo en pocos años a una población hispanoparlante transculturizada, es decir, desconfiada de sus orígenes tanto como de su horizonte de porvenir.

Para terminar, las instituciones españolas se han comportado secularmente con una falta de iniciativa y de compromiso con los pueblos de su lengua y cultura, que nadie espera nada. Lo más que uno puede encontrarse son formas solapadas de rencor, alguna sonrisa y vamos a hablar de otra cosa. En inglés, a poder ser y para que nos entendamos.

© 2008 Alejandro Gándara

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