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Etiquetas: Columna, ABC

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La guerra sin importancia

Alejandro Gándara

06/1/2003

Hasta hace unos años las guerras se declaraban entre la sorpresa de la mayoría y la incredulidad de todos. El caso de las dos guerras mundiales del siglo XX es notorio por la ola de asombro que recorrió Europa y porque nadie llegó realmente a creer lo que tuvo delante de las narices. Ahora las guerras se declaran casi con retraso respecto a lo que ya se había anticipado varios meses atrás y nos parecen tan verosímiles como los juegos de manos de Caldera o la plastilina de Rajoy. Además se tienen conocimientos exactos de la maquinaria y del proceso, desde la fecha de inicio a la de armisticio, pasando por el contingente militar desplegado, la táctica y el número de víctimas de los bandos según edad, sexo y condición.

En el pasado las guerras formaban parte de las catástrofes y se incluían en la sección de sucesos, mientras que en la actualidad prolongan la información bursátil y dan pasto a las encuestas. En fin, es una cosa que está ahí, que a veces sube y a veces baja, y hasta aparece algún prócer que le da sentido. O sea, que no es ni mala ni buena, ni acontece, igual que no son ni buenas ni malas, ni acontecen, las acciones de Telefónica o los líderes políticos más populares del mes.

Es como si en el fondo no fuera a pasar nada, del mismo modo que en la Bolsa, si se fijan un poco, nunca pasa nada o siempre lo mismo, o del modo en que a Bustamante no va a pasarle nada porque Aznar sea más famoso. No digamos a usted y a mí.

Esto debe de ser porque a las cosas que no tienen sentido nunca les buscamos el motivo. Los motivos se han quedado para las reuniones de la comunidad de vecinos y para las pérdidas de audiencia de Gran Hermano, por no hablar del comportamiento de la Real Sociedad de fútbol.

En las películas de la Segunda Guerra Mundial y en las de Vietnam siempre salía alguno que se preguntaba por el sentido de la guerra.  En una de ellas, Robert Mitchum decía algo así: "Ya sé por qué se hacen las guerras. Se hacen simplemente porque a los hombres les gusta". Esto sonaba entonces a nihilismo, pero comparado con lo de hoy en día, más bien parece un sermón, ya que después de todo a la gente le gustaba la guerra y tal como va el mundo ya no es tan fácil que nos guste algo. Creo que al personal la guerra ya no le gusta ni le disgusta, lo que pasa es que es lo único que sabe hacer y además es lo que le queda más cerca. Mismamente como la visita del domingo al centro comercial de tu suburbio.

Por otro lado, a nadie se le acelera el corazón ni se le enturbia la mente ante una tabla de cotizaciones o ante un estudio de Gallup, a no ser que hablen de él. Su importancia estriba en que sirven para dar conversación en la sobremesa y para demostrarle al mundo que estás enterado de lo que pasa. Aunque por lo demás no importe nada.

© 2008 Alejandro Gándara

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