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Cuánticos y newtonianos

Alejandro Gándara

03/11/2002

Según Alberto Ruiz Gallardón, aspirante a la alcaldía de Madrid, hay políticos que ("con todos los respetos") están en la física de Newton y políticos que están en la física cuántica. Dejando aparte que siempre hemos sospechado que los políticos nunca estaban donde tenían que estar, la declaración de Ruiz Gallardón, como diría un académico castizo, está cargada de sugerencias. Por supuesto, el declarante se considera cuántico en tanto que progresista, pero habría que ver si lo último es siempre lo más progre. (Aclárese que la física de Newton sigue vigente en el macrocosmos y que la cuántica se ha especializado en el microcosmos, o sea, que la primera no es una antigualla tipo aparador de la abuela). Un científico cuántico es alguien al que le das diez billones de átomos y sabe cómo convertirlos en una bomba atómica, pero que si le preguntas cómo funciona uno solo de ellos se da la vuelta y no te lo encuentras hasta el bar de la esquina. Se trata de una ciencia matemática caída por el lado de la estadística, donde si las cosas hacen lo que tienen que hacer es por mera probabilidad, no por conocimiento intrínseco de la cosa. Aplicado a la política recuerda mucho a Felipe González en helicóptero, el día que lo entrevistó Rosa Montero nada más llegar al poder, cuando mirando hacia abajo pensó que parecía mentira que él fuera responsable de la vida de aquellos puntitos que pululaban allá en el suelo.

A los newtonianos, en cambio, les importa más la distribución de cargas del universo, o sea, las gravitaciones universales, si esto se creó en siete días o de un pelotazo, si el espacio curvo significa que mirando hacia delante tu mirada te rebotará en la nuca y tal. Les interesa, dentro de lo posible, el sentido del artefacto general, su estructura, su génesis, su fin. Es una física con aspiraciones metafísicas, que intenta colocar la conciencia humana en el universo. En ese aspecto, por ejemplo, Alfonso Guerra era newtoniano.

Las grandes parejas modernas, desde el gordo y el flaco hasta Zapatero y Caldera, pasando por Wendy y Peter Pan, son la expresión de un equilibrio entre físicas, seguramente peligrosas aisladas en su albur: una nos dejaría sin microondas y la otra nos dejaría sin destino. Históricamente ninguna de las dos cosas ha tenido gracia y a estas alturas la tiene todavía menos (tal como estamos, además, da la impresión de que si nos quitan el microondas nos quedamos sin destino).

De modo que Ruiz Gallardón (si nos olvidamos de la era Villapalos) es sugerente, siempre y cuando nadie le vuelva a mencionar a Álvarez del Manzano, para quien la física cumplió su mandato al diseñar la rueda cuadrada y la maza atravesada por un clavo. Ahora falta averiguar por qué física se decantan los otros candidatos y cómo la compensan. Los ciudadanos tenemos derecho a saber de qué lado fisionan y gravitan.

© 2008 Alejandro Gándara

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