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Etiquetas: Columna, ABC

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Resignación y vino tinto

Alejandro Gándara

14/10/2002

Uno tiene la impresión de que efectivamente al mundo le ha dado por cambiar a toda prisa, pero que ciertas cosas no cambiarán nunca, a no ser que sucumban. Se supone que, si el mundo cambia, cosas como el conocimiento, la educación, los libros habrán de transformarse de alguna manera. Uno se imaginaría a los catedráticos, los investigadores, los escritores, los editores yendo como locos de una lado para otro intentando averiguar cómo podemos aprender más y más deprisa o, al menos, que es lo que deberíamos saber o preguntarnos. Pero por estos pagos -no sé qué andarán haciendo en otros- eso no pasa, aunque lo justo sería decir que pasa lo contrario. Aquí afrontamos las convulsiones del universo con la reválida en el Bachillerato, por ejemplo. En este plano, las autoridades son como Superman cuando hizo retroceder el tiempo por el sistema de marearse dando vueltas al planeta. Pero, bueno, nunca se sabe, tal vez si obligaran a los escolares a llevar pizarrín se acabaría con mucha tontería.

Por otro lado, la cultura libresca está muy ocupada pariendo una burra. Se ha escindido esquizofrénicamente -por tanto, hay que tratarla como a una enferma- en académica y de mercado, y nada -nada de nada- por el medio, por encima o por debajo. La académica sólo interesa a los que están de grado o por fuerza en esa historia y la de mercado sólo interesa a los gerentes y a los que se pasan media vida en el transporte urbano.

La universidad es criticona, pero no autocrítica; los programas de estudios en la secundaria son de una antigüedad insana; los contenidos creativos y artísticos siguen en el limbo de los inocentes sin bautismo; la pedagogía de las humanidades permanece invariable desde los tiempos de Juan del Encina... (aprovechen los puntos suspensivos para meter algo de su cosecha).

Cuando se discuten estos tópicos sobre España (incluyendo a los vascos y las vascas) se produce un cierto acuerdo en que si las cosas están así, es porque a nadie le interesa que estén de otra manera. No es un consuelo, pero consigue que no te hagas mala sangre. Desde luego, las mayorías absolutas de los partidos que han gobernado el Estado no se ganaron ni se perdieron por cuestiones semejantes. Las directrices culturales del PP y del PSOE fueron rescatadas del yacimiento de Atapuerca y expuestas al público en una función de Lina Morgan. Es lo que hay. Y más vale empezar a resignarse.

Además, el tema es deprimente y acaban por resentirse el estilo literario y la fidelidad de los lectores. En cambio, enfadarse con George Bush sin que nadie se entere u obligar a tu hijo a hacer pellas en el colegio por más que se resista, son iniciativas que producen una satisfacción íntima, un remedo del coraje a que suele empujarnos un par de litros de Rioja.

© 2008 Alejandro Gándara

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