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Etiquetas: Columna, El Mundo

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Otro país. El mundo snuff

Alejandro Gándara

25/2/1996

El crecimiento en la demanda de realidad bruta es ya imparable. El negro mercado de snuff movies donde se ofrecen auténticas violaciones y auténticos asesinatos para el consumo privado es sólo una de las zonas de expresión, de carácter ilegal y carnicero. Hay otras zonas. La literatura sufre desde hace años y en todo el mundo una plaga de biografías, autobiografías, contrabiografías y novelas verdaderas de autores minimalistas o de la Generación X. En resumen, libros donde el narrador se confunde con el autor y en los que la experiencia vivida se eleva, con este criterio y por sí sola, a categoría estética. Hace ya tiempo, por poner otro caso, que los medios de comunicación han hecho de las tripas propias y de las ajenas una exaltación a las primeras páginas o a las cabeceras de las telenoticias. En el séptimo arte, donde las vísceras ocupan a menudo el primer plano de la escena, uno se imagina a los productores haciendo el casting en el set de un matadero frigorífico. En fin, es como si a este mundo le hubieran saltado los plomos de sus mecanismos de representación y se hubiese quedado a oscuras palpando cadáveres. Ante una realidad diversa y variable el público del final del milenio parece haber optado por la homogeneidad de una realidad abierta en canal y colgando de un gancho. Abiertos por el ombligo todos los seres humanos son iguales y todas las cosas, también. Las fabulaciones, las ficciones, las metáforas y cualquier especie de pensamiento abstracto, son desterradas en beneficio de una buena imagen patética. Las miserias humanas al igual que la muerte son grandes igualadoras. Todos somos unas cuantas paladas de tierra y cada vez que decimos "pis y caca" volvemos a una infancia sin conflicto.

© 2008 Alejandro Gándara

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