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Etiquetas: Columna, El Mundo

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Otro país. Vuelve el fútbol

Alejandro Gándara

01/9/1996

A pesar de que a los antifutboleros ya les hayan empezado a crujir los dientes, el fútbol no es malo. Ni bueno. Como dice mi psiquiatra de aquí de Ciempozuelos, es sólo un síntoma. Un síntoma de que hay que empastar, cementar, rellenar la vida con algo. Un día del invierno laboral no es igual con partido al llegar a casa que sin él. Lo mismo sucede si ya estás en casa, porque trabajas allí o porque no trabajas, cuando desde por la mañana cuentas con ese pequeño destino retransmitido que ninguna otra cosa te da. La vida de hoy no es una vida enajenada o simulada todas lo han sido, y Marx y los existencialistas se limitaron a descubrir el vocabulario , es sencillamente una vida sin horizontes. Puede que incluso te guste lo que haces, hasta te apasione, pero sabes que da igual, porque hacer, cuando no hay destino, no es más que una forma de acompañar la muerte, eso que llaman matar el tiempo. El fútbol es el simulacro perfecto de un destino. Los partidos finalizan, se juzgan dentro y fuera del campo, y se ganan o se pierden (es curiosa la desazón que provocan los empates, incluidos los que benefician). En resumidas cuentas, pasa algo. Del mismo modo que leemos el periódico por las mañanas para averiguar si nos pasa algo con lo que nos cuentan que ha pasado, encendemos el televisor para ver qué nos pasa con lo que pasa en el campo. Somos, en el fondo, observadores de nuestro propio agujero, que es en el que realmente se representa esa infantil controversia entre seres que patean la esfericidad. El balón es tan redondo como nuestro agujero y nos hace felices ver que lo empujan con el pie y que ese mismo agujero puede fraguar victorias y derrotas, a diferencia del nuestro, que está alojado e inmóvil desde hace mucho en el mismo lugar. Tal vez nosotros pudiéramos cogerlo con el pie y lanzarlo lejos al fondo de una red. Es entonces cuando nos miramos. Parece que estamos mirando el córner o el libre indirecto, pero estamos mirando esa cosa esférica que se ha quedado dentro, después de dar vueltas a esa noria que llamamos vida.

© 2008 Alejandro Gándara

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