Alejandro Gándara - web personal

Textos

Etiquetas: Columna, El Mundo

[Imprimir]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Otro país. Locus Solus

Alejandro Gándara

26/11/1995

Puede que el suicidio sea el despertar improvisado de un sueño en el que se creía que la vida tiene sentido. A la muerte de Deleuze, aterrizando sobre el pavimento de la calle Niel, la habían precedido la de Poulantzas, desde un piso 22, y la de Debord. A otros filósofos de la Escuela de París, Barthes, Althusser, Foucault, se les había anticipado una locura degradante. Cabe añadir las imágenes del anciano Sartre, exiliado y desatendido en un pequeño apartamento donde se iba muriendo solo, a pocas manzanas del distrito universitario. La soledad final de todos ellos fue la soledad sintética del pensamiento que ya no se habla con el mundo. Mientras duraron los años universitarios, los años de la acción y de las aulas, el simulacro del conocimiento que tiene un lugar en la tierra funcionó ese simulacro social del que tanto sabían y sobre el que tanto escribieron . La vejez ninguno se suicidó ni se volvió loco joven , les dejó sin escena y a solas con un mundo que hablaba sin restañaduras la misma lengua que ellos habían creído combatir y derrotar en décadas de epistemología pura.

El discurso de las cosas era un discurso pragmático a secas, el de la acción política se había esterilizado, la democracia se había convertido en un repertorio de problemas de administración local, la conciencia no tenía contenidos ni compromisos, la comunicación humana huía de los placeres del texto, los medios masivos y el mercado bruto regentaban la validez de los argumentos, el pensamiento regresaba a la caverna de Platón mientras la civilización avanzaba deprisa. Tal vez esto fuera así o tal vez no. Tal vez ellos destruyeron más de lo que construyeron o quedaran atrapados en demasiadas palabras de las que finalmente sólo ellos podrían ser espejo. Puede que se quedaran hablando consigo mismos hasta la soledad de la locura o del suicidio en que definitivamente se atragantaron. Lo cierto es que durante el sueño entero de una vida habían creído que el pensamiento, la conciencia de ser, era una región habitada entre los continentes habitados, y que la historia no iba a sembrar de sal el palmo sagrado de la razón.

© 2008 Alejandro Gándara

Tres Tristes Tigres