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Etiquetas: Columna, El Mundo

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Otro país. Haciendo historia

Alejandro Gándara

21/4/1996

A Mel Gibson no le quita el sueño que el protagonista de Braveheart tenga la misma relación con los hechos históricos que la que tiene el cerdito Babe con las prohibiciones del Levítico. Según parece, la película transforma en campesino a un terrateniente, organiza un amor entre dos que no se conocieron y exalta a figura revolucionaria a un tipo medio autista. Por otro lado, la viuda de Schindler tiene claro que su marido era un oportunista, un chorizo y un espía nazi, a pesar del relato bíblico de pueblo redimido y redentor mosaico que montó Spielberg a mayor gloria de la culpabilidad propia y ajena. Todo esto, como es lógico, irrita a los historiadores, que constantemente amonestan al pueblo porque no conoce su historia, aprovechando congresos o presentaciones de libros. Por ejemplo, "los españoles no conocen su historia" es la frase histórica más oída sobre la Historia de España.

Lo raro de los historiadores es que hablan de la Historia como si consistiera en acercarse a una tahona y llevarse el pan. Es decir, que la Historia tiene mostrador, expendedores y, sobre todo, productos con control sanitario, cuando en realidad uno a fuerza de leer libros de historiadores no sabe qué pensar todavía de Don Juan de Borbón, ni está seguro de quiénes hicieron la Transición, e incluso empieza ya a dudar de que alguna vez tuviéramos Imperio, todo eso mientras a los historiadores y a los políticos vascos les ha entrado una hematofilia de pronóstico reservado.

La Historia a estas alturas no puede ser otra cosa que una forma de hablarnos a nosotros mismos como contemporáneos, dando un rodeo por el pasado igual que los griegos hablaban de sí mismos dando un rodeo por los dioses. O sea, una forma de conciencia que nada tiene que ver con datos ni certezas absolutas. Ni nada que ver con Gibson o con Spielberg, que se limitan a utilizar la Historia como propaganda: la conocida tesis del american way of life de que la voluntad de un sólo hombre puede cambiar el sistema. De coña.

© 2008 Alejandro Gándara

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