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Etiquetas: Columna, El Mundo

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Otro país. La fama

Alejandro Gándara

05/5/1996

El éxito de la fama no puede deberse más que a la forma en que nos hace retroceder a la adolescencia o nos sepulta en ella de por vida. Por eso, extraña bastante poco que los adolescentes, desde los ya lejanos tiempos de Los Beatles, compongan el marco de población adecuado en el que se instala (tanto desde el punto de vista del público, como desde el punto de vista de los protagonistas). La fama no es el éxito. El éxito se refiere más bien a la consecución de un logro, a apurar un objetivo, asunto que puede implicar toda una vida y que puede no trascender públicamente. Tampoco es el dinero. Se puede ser famoso y pobre. El dinero, además, suele ser bastante reservado y se mueve en silencio. Y, desde luego, no es la gloria, ese paraíso de ultratumba que a veces no es vivido más que por un solo habitante.

Lo que queda de la fama, una vez distinguida de sus falsos vecinos semánticos, es una fantasía adolescente que podríamos resumir en que conoces mucha gente y mucha gente te conoce a ti. En las series norteamericanas, los quinceañeros viven con angustia sus diferentes niveles de popularidad y no hay mayor tragedia que la de no ser popular. En la vida diaria, este mismo grupo humano, se considera reforzado cuando sus individuos son reconocidos en un bar o en una discoteca por el camarero o por el guardia de seguridad. Ahora bien, la adolescencia no coincide exactamente con una edad biológica, aunque ya quisieran muchos. Puede ocupar la vida entera, vestir canas, presidir un gobierno y tener hijos mayores. El mayor placer de los seres que no han podido crecer es que la gente les reconozca por la calle, que entren en un restaurante y salga el dueño, que el taxista les hable como si les conociera de toda la vida, dar el pregón en el carnaval de su pueblo y redactar idealmente el texto de su necrológica. Son pintores, escritores, cineastas, políticos, que no saben por qué hacen lo que hacen ni por qué dicen lo que dicen. A ellos lo que les gusta es salir y volver a casa tarde.

© 2008 Alejandro Gándara

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