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Etiquetas: Columna, El Mundo

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Otro país. Amor (1). Descalzarse

Alejandro Gándara

14/7/1996

Por las razones que fueren, todo amor tiende a que los compromisarios se quiten los zapatos. El acto sexual, que no es más que una propensión histérica como cualquier otra, está aparentemente en el objetivo de toda estrategia amorosa y de todo lanzamiento afectivo. Sólo aparentemente. Durante mucho tiempo y mucha psicología, se ha pensado que la sexualidad era un instinto básico que atendía, por un lado, a la perpetuación de la especie y, por otro, a satisfacer las gónadas del individuo. Qué error. El pensamiento científico se detuvo en el sexo como finalidad, porque no pudo llegar más lejos. Sin embargo, no percibió un gesto casi mecánico, subterráneo, que se repetía sistemáticamente, hasta el punto de convertirse en la verdadera estructura del acto libidinoso, mientras el orgasmo y el placer mutuo han quedado demostrados por la estadística que son cosas inusuales, a veces impensables, en la verdadera manifestación del asunto. De modo que el sexo, propiamente dicho, ha pasado a formar parte de la fantasía primitiva o neurótica y el quitarse los zapatos a formar parte de los hechos, que son la base de la ciencia.

Vistas así las cosas, el sexo no es más que una argucia para que la gente se descalce. Lo que quiere la gente, de verdad, con pasión, es quitarse los zapatos. Lo demás son preámbulos, perífrasis del placer, vergüenza, culpabilidad, incapacidad moral para enfrentarse a uno mismo y decirse abiertamente lo que desea. Esto es lo que siempre ha pasado y esto es lo triste, que los verdaderos deseos no se pronuncian y se quedan atascados en el fondo oscuro del alma. La gente prefiere cortejar, casarse e incluso copular, antes que decir las cosas claras, por ejemplo, y valientemente: ¿quieres descalzarte conmigo? Seguimos siendo puritanos, hipócritas y reprimidos. Montamos grandes aparatos y discursos sólo porque no podemos enfrentarnos a ese ataúd con suela y cordones con el que nos movemos por la vida. Porque eso es el zapato, una imagen de la muerte a la que queremos quitar el nudo. Acompañados, si puede ser.

© 2008 Alejandro Gándara

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