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Etiquetas: Columna, ABC

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Disuasiones diversas

Alejandro Gándara

26/4/2004

Hay países, y no voy a decir cuáles, en los que las instituciones tienen la misión de disuadir a los ciudadanos de que mantengan contacto con ellas e incluso de que existen. Es una especie de carta fundacional no escrita, pero que el personal podría recitarse al dedillo. En mi infancia, por poner un ejemplo cercano, la primaria tenía como objetivo disuadirte de que leyeras, de modo que a los nueve años empezabas con el Quijote y a los diez te examinaban de la Celestina. A los quince, cuando alguien nombraba la literatura, te echabas al monte y esperabas a que pasara el peligro. Por su lado, el servicio militar obligatorio consistía en un programa de actividades destinado a que nunca quisieras ingresar en el ejército o bien a que sintieras la vida civil con esa culpa inefable que sólo la autoridad sin objeto es capaz de inculcar en un espíritu púber. Más allá, la universidad con su detallado calendario de huelgas y sus espontáneos planes de estudios, a lo que se añadía un horizonte laboral eterno (dado que no tenía principio ni fin), te persuadía no sólo de que el conocimiento es prescindible, sino de que la ignorancia es una fuerza vital que facilita el apareamiento.

Hoy en día, los asuntos mencionados no han sufrido grandes variaciones, y ahí están el centenario del Quijote, el ministro Bono y el mercado laboral de los universitarios, demostrando que sin duda hay culturas cíclicas, culturas progresivas y lineales, y otras que se mueven incansablemente sobre el propio terreno, lo que no impide que te hagan sudar. Sin duda hemos accedido con el tiempo a otras realidades institucionales, pero sin alterar los propósitos disuasorios de toda la vida. Es el caso de la prensa libre y también de la nueva izquierda cultural, o sea, del mercado cultural.

Con la prensa libre, y valgan como ilustración algunos de los acontecimientos recientes, el cliente de medios informativos puede haber llegado a la conclusión de que al gobierno de entonces le engañaron los servicios secretos, de que el gobierno mintió a sabiendas, de que el PSOE tenía topos que le hicieron el trabajo sucio, de que el PSOE conspiró, de que el PSOE no conspiró en absoluto, de que lo sucedido en las elecciones estaba de Dios y de que lo que sucedido en las elecciones se veía venir tendencial y sociológicamente, y que fruto de todo ello ha sido el resultado del último Madrid-Barça, como no podía ser de otra manera. En cuanto a la nueva izquierda del espectáculo, nadie les ha escuchado nada todavía de lo que quieren en las escuelas, en las universidades ni de iniciativas que vayan más allá de las taquillas correspondientes, lo que viene a ser que están vendiendo y que se limitan a vender, y los demás compramos. Así que cada día te quedas un poco más lejos del quiosco y de la última de Almodóvar, y empiezas a pensar que en casa tienes todo lo que necesitas: una puerta que cierra bien y unas persianas que apagan la calle.

© 2008 Alejandro Gándara

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