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Etiquetas: Columna, ABC

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La buena educación

Alejandro Gándara

04/4/2004

Que un sujeto o tipo, o varios, se levante por la mañana, en su ser o fuera de sí, y en mitad de los duelos y de las tragedias de la gente se le ocurra que quiere que su pueblo tenga una selección de hockey, fútbol o mus, o todas a la vez, está relacionado con la mala educación, con que el sujeto o tipo, o varios, en su ser o fuera de sí, ignoran todo lo que es estar con los demás, respetarlos, no tirarse pedos en mitad de misa o del mítin, no dar besos con erupto, distinguir un himno de un regüeldo. Es que no sé si me explico, pero antes de incumplir las reformas educativas uno debe dar la impresión de que tiene educación, o sea, de que sabe estar con el resto, porque si se diera el caso de que no lo sabe, cuando rechace la reforma educativa no va a dar la impresión de que rechaza esa reforma educativa, sino de que rechaza la educación misma, dado que él no la tiene, dado que él es un pedorro o regüeldador o como se diga, que no lo sé, porque yo nunca he tenido que bajar tanto de nivel para hablar con nadie ni de nada.

Así que cuando uno no tiene educación y reniega de las reformas educativas, cabe la sospecha de que uno reniega de la educación misma, de cualquiera, en cualquiera de sus formas, sea la cortés o la tecnológica, la básica o la avanzada, la de andar por casa o la de ir por el mundo. Es más: a uno se le ocurriría que ya que el personal está por la reforma educativa o por el secretariado en inglés o como se llame, que yo no entiendo casi nada de lo que se habla, y vengan las reformas de donde vengan, sobran matemáticas y gramática y hace mucha más falta que la gente sepa sentarse ante el pupitre, escupir menos al prójimo y darse cuenta de que la muerte es una cosa seria. Pero no es así y en esto me equivoco. Precisamente las matemáticas y la gramática nos permiten pensar en algo distinto de nosotros mismos, en algo que no se parece a mi selección pueblerina de hockey, a mi selección pueblerina de fútbol o mus y escapar de mi cerebro unicelular o mononucleótido para pensar en algo distinto de mi persona o de mi pueblo, siendo mi persona y mi pueblo objetos fijos de mi estupidez, y dado que la estupidez sólo contiene objetos fijos del mismo modo en que los conciertos de un loco suelen contener solos de tambor, sin que nadie sepa por qué, excepto el loco.

Lo que quiero decir es que cuando mueren mis vecinos o allegados, o cuando muere alguien a quien no quisiera ver morir, cuando ponen bombas en los trenes y matan transeúntes con abonos de transporte metidos en la billetera como si fueran carnés del club de campo, yo no quiero escuchar a ningún tipo, ni a varios, en su ser o fuera de sí, contarme que quiere hacer una selección de su pueblo, cantar el himno de su pueblo o comer una butifarra colectiva con el corazón henchido de emociones, porque yo sé que el corazón no lo tiene henchido de nada, dado que no tiene corazón, dado que probablemente no es un hombre, dado que no es nada.

© 2008 Alejandro Gándara

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