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Etiquetas: Columna, ABC

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Las metástasis

Alejandro Gándara

23/2/2004

La metáfora del cáncer para hablar de algunos comportamientos de la sociedad es un viejo recurso que se actualiza de vez en cuando (proliferación celular, metástasis, entropía, esas cosas). Baudrillard la ha utilizado con regularidad y ahora vuelve a hacerlo para hablar de la situación de Oriente Medio en "La violencia en el mundo" (Jean Baudrillard y Edgar Morin, Paidós). Se supone que es una metáfora orgánica, es decir, que procede del organismo y de su biología, y como tal siempre ha parecido un poco traída por los pelos, y tan fascinante como morbosa. Lo que yo me pregunto es por lo contrario: si el cáncer del cuerpo no será una metáfora social, es decir, si procederá de una realidad observada ampliamente en los grupos humanos organizados, siendo la patología individual una mera imagen.

En el libro mencionado se discute de cómo la cronificación del conflicto árabe-israelí ha degenerado en una metástasis global que va desde la amenaza terrorista también global a una situación de conflicto medianamente universal, con enfrentamientos y tensiones reflejados en puntos remotos. En España, aparte del global, disponemos también del conflicto vasco y de su correspondiente metástasis en Cataluña, en las campañas electorales, en la división interna y externa de los partidos, en las páginas de periódicos y televisiones (propensas a cualquier cáncer que dance en el aire), en las tertulias de rebotica y hasta en el sueño de los niños. Asimismo cabe señalar los planes de educación y la política cultural del Gobierno que producen entropías diversas y de difícil diagnóstico (dado que nadie quiere diagnosticarlas), como el fracaso escolar, la marginalidad suburbana y rural, el machismo rampante, los malos tratos, la violencia doméstica y toda la variada panoplia de males que tradicionalmente eran atacados con la educación y con la cultura, y que ahora son atacados mediante la imposición del inglés a partir de los tres años. En fin, un simple vistazo permite encontrar metástasis y proliferaciones anómalas por todas partes, desde la globalización económica al chill out, pasando por la antiglobalización económica y el hip hop. O sea , que si uno se fija, se da cuenta de que el cáncer es una cosa social y que, cuando le toca a uno, o bien no es lo mismo, o bien es su metáfora, o bien es una infección del medio en el que vive,  ya que resulta difícil creer que provenga del interior lo que es norma en el exterior.

Las diferencias quedan patentes en el modo de tratar la dolencia en ambos casos. En el caso del cáncer individual la medicina se pone en marcha y emplea sus remedios. Por su lado, el individuo lo pone todo de su parte por la cuenta que le trae. En cambio, en el cáncer de verdad, el de todos, no hay medicina, nadie pone remedio y generalmente a la gente le da igual. Se deja ahí y a ver qué pasa. Aunque todo el mundo sepa que, si lo dejas, no hay suspense.

© 2008 Alejandro Gándara

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