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Etiquetas: Columna, ABC

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El inglés perinatal

Alejandro Gándara

16/2/2004

Rajoy ha prometido introducir el inglés en la educación de los individuos a partir de los tres años de edad, lo que es un atrevido récord si lo comparamos con la Secundaria anglosajona de ZP. Dado el índice de fracaso escolar, la situación de los docentes y la composición de los programas de estudio, se deduce que la solución final se halla en esta catarsis filológica y muy imaginativa. Ciertamente, para un alumno de Las Palomeras o de Carabanchel Bajo no es lo mismo fracasar en inglés que fracasar en español, igual que para un docente no es lo mismo amargarse poniendo acento de Oxford que poniéndolo de Chamberí, y eso sin hablar de que al fin izquierdas y derechas se han puesto de acuerdo en cómo arreglar el tradicional desaguisado.

Vaya por delante que semejante empeño no llegará a puerto si evitamos tomarlo en serio. Ahora mismo no caigo dónde están los niños a los tres años, aunque se hace necesario que estén a mano de los programas oficiales de enseñanza del señor Rajoy y que no dilapiden la jornada laboral en el triciclo o pisando cacas. Como ya hay costumbre de desprenderse de ellos en cuanto se mantienen derechos, no habrá problema en encontrarlos en guarderías y similares. Aunque si el niño se queda con su madre o padre es otro caso. Si esto es así, las asistentes sociales de Hampstead, del West End y de Boston se dejarán caer por casa inopinadamente y harán con él castillos Exin mientras le inician en las phrasal verbs o le sacarán de paseo cantando Let it be o Bars ans stairs, digo yo. Las madres o padres que se nieguen a esta tutela políglota deberán acreditar al menos nivel de first certificate y jurar que durante un número suficiente de horas se dirigirán al vástago en ese idioma, incluso cuando llore o cuando prefiera tocar el sonajero. En estos casos, y cuando el niño no progrese adecuadamente, la madre o padre debe suspender a su hijo mediante sistemáticas faltas de afecto. Si en vez de un niño, tuviera varios, deberá establecer criterios de cariño en virtud de las competencias lingüísticas de sus hijos. Si los niños no llegaran a comprender a qué viene todo ello, se sugiere que sean abandonados en el Soho por espacio de varias semanas y confiar en que el impacto emocional les haga evidente la necesidad de la lengua inglesa.

En cuanto a los parientes que mantengan contacto continuado con el niño, se sugiere mostrar a los monolingües como pobres o pervertidos, disuadiendo al niño de cualquier estrechamiento de lazos, mientras que los plurilingües aparecerán en casa vestidos de etiqueta y la familia al completo les agasajará como si fueran indianos. En caso de que el padre o madre no supiera inglés, se le indicará al niño que se trata de un padre o madre eventual o efímero, o si esto parece drástico se le dirá que sordomudo, siempre y cuando el padre o madre acepte no abrir la boca mientras permanezca en el hogar. Si la abriera, se le exila al gulag de la Enciclopedia Álvarez.

© 2008 Alejandro Gándara

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