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Etiquetas: Columna, ABC

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El Zen español

Alejandro Gándara

02/2/2004

Todo lo que estamos viviendo ahora en España, lejos de ser una crisis moral y política, o cinematográfica y deportiva, es en realidad un salto tan brutal hacia delante (y quizá hacia arriba) que sólo la sociología del futuro apreciará su auténtico valor. Y además es un salto Zen, lo que al ser oriental resulta más difícil de ver. Si ustedes leen el libro de Eugen Herrigel, Zen en el arte del tiro con arco (Editorial Kier), o leen el de Ray Bradbury, Zen en el arte de escribir (Minotauro), descubrirán lo sano y lo superior que es despojarse de la intención y de la voluntad, y cómo despojarse de la intención y de la voluntad es despojarse finalmente del yo, esa pesadilla. Bien, no otra cosa está sucediendo subrepticiamente en la vida española, bajo la apariencia de caos y disparates encabalgados. Todo cambia a la luz de la interpretación budista.

Puede que a primera vista, por ejemplo, Rajoy, Zapatero, Maragall y Carod no parezcan seres dotados de una fuerte personalidad, pero una mirada más atenta revela esa falta de norte, ese dejarse llevar por el Todo, esa ausencia de voluntad obstaculizadora ante el curso del Logos que les convierte en maestros de una sabiduría milenaria, anterior a José Antonio Primo de Rivera y a Miguel de Unamuno, para que se hagan una idea. Cuando Rajoy rehúye el debate, cuando Zapatero concibe una Secundaria anglosajona, cuando Carod comparte su butifarra con los terroristas y cuando Maragall se olvida de que le ha pedido a su conseller en cap que se disculpe, no estamos hablando de errores, sino de una relación con la verdad distinta a la habitual. Tensas tu arco, cierras los ojos, la flecha, la diana y tú sois uno, entonces disparas...

Lo mismo que le pasa al cine español. Aparentemente alejado de modas y argumentos, incluso aparentemente alejado del arte cinematográfico, y entregado a una labor política incansable, juez de pleitos varios y señero de la posteridad global, el cine español en el fondo no pretende otra cosa que vaciarse de su ser propio, de fundirse con el cosmos y de alejarse de la vanidad del celuloide. Eso explica la campaña publicitaria contra la industria norteamericana, una industria occidental por excelencia, en la que la eficacia, el éxito y los recursos se alían con el deseo consciente de conseguir lo que se quiere. Nada más contrario al Zen. En el Zen, la naturaleza o el Estado te dan lo que necesitas y tú lo impulsas mediante la postura del loto a la puerta del negociado, concentrándote en la idea de que respiras -inspiración, espiración- y ganando una fuerza descomunal en los pulgares, donde concentras la energía.

Véase Julio Medem. Él realiza el documental, él sabe que hay gente que debería aparecer en él y que no aparece. ¿Abandona el documental? ¿Es consciente al menos de su parcialidad? Nada de eso: el maestro ha liberado su energía creadora, se ha expresado libremente, y eso es bueno, porque es satori. Ya ves.

© 2008 Alejandro Gándara

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