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Etiquetas: Columna, ABC

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Clichés de la vida

Alejandro Gándara

19/1/2004

No sé si mi admirado Martin Amis se libra enteramente de su enemigo en el volumen "Las guerras contra el cliché" (Anagrama), una recopilación de escritos sobre literatura de los últimos treinta años, más o menos. Quiero decir que quizá no le moleste tanto el cliché per se, como que haya clichés distintos de los suyos (admitiendo de partida que los clichés ajenos son la cosa más molesta del mundo). Tres son las tesis que mantiene a estas alturas el británico. La primera es que el talento "no es algo que se pueda adquirir: hay que tenerlo". La segunda es que cuando se va contra el canon "es lo mismo que ir contra el talento". Y la tercera es más que nada un severo reproche a esta sociedad de igualitarismo sentimental y emocional, entendiendo por ello que el personal sostiene que cualquier sentimiento o emoción es tan valioso como cualquier otro.

Que el talento hay que tenerlo no es igual que decir que no puede adquirirse. Evidentemente si no se tiene talento, no se tiene. (Ya veríamos de todas formas qué es el talento y quién decide que alguien lo tiene). Pero aquí no hay ninguna relación con su origen (indudablemente adquirido: el genético también es adquirido). En realidad se está encubriendo un cliché que llamaremos la hipótesis del torero, o sea, que el torero nace con la muleta en la mano o no nace. Una especie de naturalidad del talento. Martin Amis es hijo de Kingsley Amis, otro novelista británico, lo cual quiere decir al menos que su talento natural ha crecido en un medio adecuado. Si además hay una herencia genética o un don afortunado, pues con su pan se lo coma. Pero ya me gustaría ver la herencia de Stravinsky en un gueto de Zambia y a un torero naciendo con su muleta en las Islas Lofoten.

En cuanto al asunto de que ir contra el canon es ir contra el talento, lo único que sucede es que al problema del talento le añadimos el del canon. Aunque, por otro lado, ambas nociones se pueden simplificar notablemente. Tanto el canon como el talento dependen exclusivamente para su éxito de la aceptación del público. Y quizá no sean otra cosa. De hecho el canon hay que confeccionarlo, debatirlo y extenderlo. Todavía no se ha dado el caso de un canon espontáneo. A mí y a muchos otros no nos parece ni remotamente que el talento de García Lorca, de Alberti, de Cela debieran estar en ningún canon y, sin embargo, por ahí andan, en los libros de texto. Ya ves. En todo caso, esa idea de que el canon es sagrado, viniendo de donde viene y haciendo lo que hace, es un rancio cliché.

En cuanto al igualitarismo emocional, debiera matizarse que ese igualitarismo no se refiere a que sentimientos diferentes valgan lo mismo, sino a que son lo mismo. Las diferencias actuales son de mercado y consumo, y todo igualitarismo (por excelencia, el político) lo que hace es exaltar la medianía que coincide con las capas amplias de consumidores. Qué quieres que te diga, Martin.

© 2008 Alejandro Gándara

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