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Etiquetas: Columna, ABC

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Suben las patatas

Alejandro Gándara

12/1/2004

Dentro del clima de regresión a la media que nos envuelve (o sea,  el ideal de todos tontos), no es de extrañar que hayan subido las patatas. Cuando muchos se ponen de acuerdo en que lo barato, lo regular, lo tópico y lo mediano es lo que goza de valor en el mundo, el resultado es una carestía de esos productos y una inversión de los valores del alma, que a partir de ahora suspira por lo alcanzable, por lo que hay en la tienda del chino de la esquina, por el vermú de garrafa de la tasca del tío José. Y entonces suben las patatas. Hasta el 170 por ciento. Mañana subirán los palillos de dientes, los delantales de hule, las batas guateadas, el calzoncillo pulguero, los colchones de rayas.

Desde ahí se entiende un poco mejor esa promesa de Zapatero de que cuando los suyos gobiernen, los chavales saldrán de la secundaria hablando inglés. No te digo más. Antiguamente habrías podido contestarle: y a mí qué. ¿Y por qué no salen hablando alemán, francés, chino? O ya puestos, ¿por qué no salen hablando español? Esto último, y así en primera instancia, parece de lo más necesario, incluso para asistir a la clase de inglés.

¿Y qué tiene el inglés que no tenga la geografía, la literatura o las ciencias naturales? Pues que viene en otro idioma, qué más quieres. Pero no hay que negarle sus ventajas. Por ejemplo, para ser azafato. O para ir a las rebajas en Harrods, donde los matices valen su peso en oro. Alguien con un inglés atropellado o tartaja no tiene nada que hacer ante una inglesa de Whitechapel en un mostrador de Dolce & Gabanna. Las cosas como son y Zapatero se ha dado cuenta. Se ha dado cuenta de que las patatas en este país se van a poner por las nubes y de que en el Ritz el plato estrella será el bocadillo de tortilla de patata con el rótulo en inglés.

Por tanto, en la educación pasará como con las patatas, que habrá inglés para todos. Aunque un inglés tan caro como las patatas, ya que nos vamos a gastar en ello lo que no tenemos, o lo que dicen que no tenemos o lo que aseguran que no hemos tenido. En la época del desarrollo franquista fue cuando empezó a hablarse de la importancia de los idiomas y todo el mundo se convenció muy rápidamente de ello. Decían, por ejemplo, que sin inglés no se podían hacer negocios, cosa que debía de ser tan cierta como que la mayoría de los españoles no se dedicaban a los negocios en el extranjero, ni en una lengua ni en otra. De modo que cuando el personal cayó en la cuenta, también cayó la importancia de los idiomas y se vio que era una aspiración de pobres o como mucho un adorno de nuevos ricos, porque lo de leer libros en otras lenguas, ya que no lo hacíamos en ésta, tampoco parecía ser algo que fuera a pasar.

En fin, que cualquiera sabe adónde vamos: si hacia el futuro o si a las academias de idiomas de los sesenta. Lo único cierto es que las patatas han empezado a subir y que en el mercado estamos de lujo.

© 2008 Alejandro Gándara

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