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Etiquetas: Columna, ABC

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En la era freaky

Alejandro Gándara

15/12/2003

Que lo primero que hayamos visto de Hussein capturado sea el estado de su dentadura, no es una casualidad, sino el espíritu de los tiempos. Vaya por delante que el espíritu de los tiempos, te parezca bien o mal, es ni más ni menos lo que hay. Ese señor con guantes de látex, metiendo la linterna estilográfica hasta las amígdalas del dictador y enfocado por la cámara es un documento de zoólogo ante una especie inédita o de cirujano filmado mientras separa los cráneos o las apófisis de unos siameses. Aparentemente se trata de reportajes clínicos, pero en la medida en que se publican y son pasto de la curiosidad, expresan el gusto por lo monstruoso y por lo malformado. Aunque lo más monstruoso de todo es la mirada, sin la que no es posible la perversión. Mientras el espectador supone que Hussein aparecerá esposado, flanqueado por sus guardias y conducido a rastras a una mazmorra, las imágenes muestran su paladar inquietante, desvelado por una luz espeleológica que se detiene en las encías y en los molares, cueva del monstruo y a la vez revelación de la monstruosidad.

A diferencia de otras épocas, en que las extravagancias de la naturaleza se escondían en los desvanes y en los hospitales o se exhibían en los circos, la nuestra las pasea por la calle, disfruta con ellas y la audiencia las valora hasta el punto de exigirlas. Vivimos en la era del freaky, del monstruito complaciente, del tanguista giboso. Y dado que la mirada es la que hace al monstruo, monstruos podemos ser cualquiera, a poco que nos desnuden en televisión o a poco que nos apetezca dar lustre a nuestra miseria o a nuestros delirios. Ésa es la práctica de los reality shows, en la que los travestis pregonan su intimidad, los borrachines cantan ópera, las busconas se enzarzan en disputas de comadres, los cocainómanos confiesan con soberbia de pioneros de la pradera, los ex políticos hacen prensa del corazón, los psicóticos animan el cotarro... Freaky es la tonadillera concediendo una entrevista de media hora a la televisión estatal, sentada en un sillón Luis XV y susurrando majestuosamente la certeza de que entrará en la Historia (de lo que no cabe duda, si se escribe tal cual va).

En fin, estamos en el we got him (o sea, uigarim, en tejano, a traducir por le pillamos) del portavoz estadounidense tras sacar a Sadam del hoyo de un granero. Tras tanta búsqueda y encono del artífice del Mal, uno esperaba una declaración ciertamente más grave de los captores, algo menos relacionado con el pillo-pillo y más con la liturgia de los grandes momentos. Pero en el fondo todo es coherente, porque el portavoz quería entrar en la Historia igual que la tonadillera y pronunció el tipo de frase que ahora entra en la Historia y en las audiencias. Los americanos pillaron al monstruo, le metieron la lucecita en la caverna y nosotros pillamos al monstruo del portavoz, que nos invitaba al final feliz de un juego infantil consistente en mirar las encías de la bestia.

© 2008 Alejandro Gándara

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