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Etiquetas: Columna, ABC

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Bolsillos cargados

Alejandro Gándara

17/11/2003

He dejado de fumar. Pero que las autoridades sanitarias no se entusiasmen: no tiene nada que ver con su campaña necrófila. De hecho, tenía pensado dejarlo hace varias semanas y la campaña necrófila lo ha ido retrasando. Y, para decirlo de una vez, el abandono no está relacionado con la salud, sino con que estoy harto de todo lo que llevo en los bolsillos. Cargo como un burro cosas que no estoy seguro de necesitar. Cigarrillos y mechero, móvil, llaves del coche, llaves de casa, monedero, cartera de documentación, reloj, gafas de sol, gafas de las otras, bolígrafo, otro bolígrafo, gasas esterilizadas para el herpes, kleenex, llaves del despacho, llaves del garaje... Creo que soy un tipo normal, y si un tipo normal necesita aprovisionarse como un tuareg para atravesar un día de vida cotidiana en lugar de un desierto es que su civilización funciona mal o que su civilización tiene propósitos no confesados (o tal vez los confiesa y uno no se entera). Esto por hablar sólo de la carga pegada al cuerpo y dejando aparte el ordenador portátil, la agenda, los documentos, los libros, y demás material de cabotaje con el que uno emerge a la superficie de una jornada cualquiera. Ya he dicho que he empezado por los cigarrillos, pero al mismo tiempo me he dado cuenta de que el equipaje no acaba ahí.

Hay otro que se transporta en la cabeza y que también parece responder a necesidades de mera supervivencia. Según la revista Foreign Policy no debería perderse de vista el cambio oficial del renminbi -la moneda china- con el dólar y los efectos desequilibradores en el comercio mundial; así como: el número de soldados estadounidenses heridos desde el anunciado final de la guerra en Irak y que marcará la política internacional; el fortalecimiento del euro y sus consecuencias en las exportaciones de la zona euro; las políticas europeas de protección de sus productos; las diferencias presupuestarias entre el candidato republicano y el democráta para la próxima campaña electoral en Estados Unidos. A lo que habría que añadir desde aquí las imprevisibles consecuencias del Plan Ibarretxe; la probable alianza nacional-independentista en Cataluña tras las elecciones del pasado 16; la subida de impuestos de Gallardón; etc.

De modo que cada mañana, cuando meto el móvil en el bolsillo de la americana, también me estoy metiendo el cambio oficial del renminbi; y con las gasas y las llaves del despacho también me llevo el euro en moneda fuerte y el Plan Ibarretxe. Estoy contento con haberme librado de los cigarrillos y del mechero, pero eso me ha hecho consciente de todo lo que llevo puesto y que no sé si voy a poder quitarme. Ahora me siento más adicto que cuando fumaba. Paradojas de la deshabituación. Aunque quizá todo sea como el tabaco y la única solución sea cortar en seco.

© 2008 Alejandro Gándara

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