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Izquierda madridista, derecha atlética

Alejandro Gándara

27/10/2003

Cualquier estudioso e incluso cualquier aficionado a la ciencia política habrá descubierto, a fuer de investigar y contrastar, lo siguiente: la gente de izquierdas de Madrid es como la afición del Real Madrid y la gente de derechas de la misma comunidad es como la del Atlético de Madrid. Eso explica, y ya adelanto, los resultados de los últimos comicios. De forma inobjetable, a mi entender no exento de análisis.

Para que el hincha del Real Madrid se sienta a gusto con su equipo, éste ha de satisfacer dos necesidades elementales: ganar y ser perfecto en lo moral y en lo artístico. No gran cosa. Si los blancos ganan y carecen de perfección, o si son perfectos y pierden, el seguidor se molesta, se enfada y cuando menos cae en un silencio modorro del que sólo le rescatan los vídeos de Di Stéfano. Son esas gradas vacías, ese rumor ronco en el campo, ese resentimiento contra el balón y finalmente esa ausencia de espíritu, un allá te las apañes porque ni te he visto ni me acuerdo.

De modo que el Real Madrid de izquierdas se va de abstención de fin de semana cuando teme que el equipo pierda o sea imperfecto. Por original que resulte, la actitud de este aficionado es comprensible: le han prometido el paraíso en el campo, le han jurado que la General Motors no es el motor de la historia madridista y que los medios de conducción del balón serán suyos con un poco de paciencia. Puestas así las cosas, un tiro al larguero o un Tamayo y Saéz son una desgracia personal, aparte de un fraude del futbolista. Así que no sólo se cabrea, sino que además no vota.

El Atlético de Madrid de derechas es lo contrario. Va al campo lo mismo que a misa, el domingo a tal hora. Da igual que el equipo juegue en Segunda o que lo presida Gil y Gil, ya que esto es un valle de lágrimas y para eso estamos. Si perdemos, cantamos, y si ganamos, también. La resignación futbolística o la resignación electoral forman parte de la sabiduría de la hinchada, que lo que quiere es votar (botar) en la grada y pasarlo bien. Item más, a peor juego de los suyos, mayor divertimento y apoyo, ya que quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra. Esto se aprecia claramente cuando juega Álvarez Cascos, máximo goleador en propia puerta y pichichi del AVE.

Total, que el perfil del aficionado varía con uno y otro caso. El madridista es hosco y ensimismado, desprecia las imperfecciones del mundo y vive en un reino de fantasía y Zidanes que le impide llevar la papeleta a la urna, a no ser que le garanticen la Champions, la Liga, la Intercontinental y la Copa. En cambio, el atlético es litúrgico, asiste al campo cuando lo manda el calendario, se resigna ante la adversidad y lo único que exige del equipo, por favor, es que Álvarez Cascos no siga diciendo que no hay burbuja inmobiliaria, porque nos mete el miedo en el cuerpo en vez de meter el balón en nuestra portería, algo que al fin y al cabo siempre le perdonamos.

© 2008 Alejandro Gándara

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