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Etiquetas: Columna, ABC

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Hispanidad y raíz cuadrada

Alejandro Gándara

06/10/2003

Cuando yo era pequeño el concepto de Hispanidad era un poco así, no sé cómo decir. Un buen día, recién empezado el curso escolar, el maestro se empeñaba en hablar de América, de poner dictados sobre las hazañas del Descubrimiento y de hacer que dibujaras las tres carabelas, repasando luego a tinta china. Donde yo andaba metido por aquel tiempo, tres cuartas partes de los chavales no habían visto nunca el mar y la otra cuarta parte lo había visto en una cosa que ya empezaba a llamarse vacaciones, y lo trataba con cierta condescendencia en comparación con el río que pasaba por el pueblo. En cuanto a América, había un par que conocía a John Wayne (pronunciado yonvaine). De modo que, entre unas cosas y otras, la Hispanidad acababa pareciéndose bastante a otro de los enigmas de la época llamado raíz cuadrada. Si América era algo ignoto hasta para la imaginación y el mar era el río del pueblo pero con menos gracia, la utilidad de la raíz cuadrada en nuestras vidas era el mayor enigma de todos. El caso es que la pedagogía debe de consistir en eso: con qué enigmas va creciendo uno (y quién se los elige).

Desde luego, puestos a ser abstractos, ambos conceptos eran perversos para aquellas mentes infantiles y de aldea. Si uno se fija no hay nada parecido en los idiomas vecinos: en correspondencia, los franceses deberían poseer la noción de galicité, la Commowealth la de britannity y los portugueses la de lusidade, digo yo. Y resulta que no, ya ves. (Puede que la de vasquidad esté al caer).

Bueno, lo que yo quería decir es que si la Hispanidad era una abstracción inasequible por aquel entonces, hoy en día es una concreción supina. Ya que no pudimos viajar al concepto ni con la imaginación, el concepto ha venido a nosotros en forma de ola migratoria, atravesando todo el mar que nos separaba. Y es como si por fin, y al mismo tiempo, pudiéramos saber de una vez para qué sirve la raíz cuadrada, como si de pronto un día al salir de casa sólo pudiéramos utilizar la raíz cuadrada para abrir el coche, para despachar con el jefe, para saber si llegaremos a fin de mes y hasta para dar un beso. Es más: puede que la raíz cuadrada nos ayude a tratar con la Hispanidad que vive en nuestros barrios, que va a los colegios de nuestros hijos, que trabaja con nosotros.

Después de todo, y que me perdonen mis profesores de Bachillerato, una raíz cuadrada no es más que una variante de la descomposición en factores de un producto. Supongamos el Producto Nacional Bruto y que los factores son el trabajo de los españoles, los ecuatorianos, los peruanos, los colombianos, los argentinos, etc. Un producto es siempre afortunado, pues su existencia se debe a que se multiplican sus factores. Si uno se dedica a discriminar y expulsar a los factores, se queda sin producto. Así que gracias a la raíz cuadrada ya sabemos lo que hay que hacer.

 

© 2008 Alejandro Gándara

Tres Tristes Tigres