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Etiquetas: Columna, ABC

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Lo último en sexualidad

Alejandro Gándara

15/9/2003

Bryan Sykes, profesor de genética humana de Oxford, acaba de publicar en el Reino Unido La maldición de Adán, un libro en el que se afirma que el cromosoma Y, el que transmite la masculinidad, está hecho una ruina genética y abocado a la extinción. Lo raro es que esta tesis no se me haya ocurrido a mí habiendo tenido a Álvarez Cascos -el horadador hechizado- delante de las narices todo el tiempo. Sea como fuere, Sykes formula conclusiones hirientes para el carpetovetónico común e incluso para Alejandro Sanz, el cantatutor convencido de que el uniforme de los boy-scouts inspiró el de las Ratas del Desierto y reflexiones de ese cociente.

Por ejemplo, todo indica que los hombres son mujeres genéticamente modificadas en plan trágico error (si Schopenhauer, que pensaba que las mujeres eran hombres disfrazados, levantara la cabeza...). Esto explicaría el resentimiento, también denominado amor, con que los varones tratan de relacionarse con las féminas. ¿De qué otra forma, si no, puedes relacionarte con alguien que sabes que es mejor que tú, más puro y auténtico? En fin, nosotros somos el jorobado de Nôtre Dame y todas ellas son la bella. Las queremos, sí, pero con rencor profundo. Por no hablar de que además les debemos el ser. O sea, al resentimiento legítimo hay que añadir la impagable deuda de existir. Aunque, por otro lado, si nos han dado el ser para que seamos conscientes de nuestro resentimiento... No es raro que los peores de nosotros se dediquen a las obras públicas impremeditadas o a la canción de autor con premeditación.

Por si fuera poco, el cromosoma de las chicas se cura las heridas juntándose con otros de su signo, mientras que el nuestro apenas salvaguarda algunos genes mediante el melancólico sistema de practicar el sexo consigo mismo. Traduciendo: si se incendia la casa, las chicas piden el extintor a la vecina y los chicos nos refugiamos en el sex-shop del barrio. El resultado es que ellas tienen casa y nosotros, desahogo. En el nivel de las aspiraciones, ellas aspiran a un hogar y nosotros a un instante de consuelo. Puestas así las cosas, de la incompatibilidad de caracteres ni hablamos.

Por último, los machos nos extinguimos. Según Sykes, en los próximos cien mil o doscientos mil años ya no quedará hombre sobre la tierra. Lo más probable es que para entonces se haya encontrado un modo de que las mujeres se reproduzcan sin necesidad de aguantar al resentido onanista de turno que, dada la lógica de la evolución, habrá empeorado bastante. Así como es una afirmación evidente que si por ellas fuera se reproducirían solas, lo de la extinción masculina me parece una afirmación peligrosa. No digo que no sea cierta, lo que digo es que imagínate lo que harían George Bush, Álvarez Cascos o Alejandro Sanz si se enteran de que dentro de cien o doscientos mil años ya no habrá gente como ellos. Hay verdades que más vale callar.

 

© 2008 Alejandro Gándara

Tres Tristes Tigres