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Etiquetas: Columna, ABC

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La gestión como forma de vida

Alejandro Gándara

08/9/2003

Dicen los antropólogos que la cultura de un pueblo no son sus artes y sus letras, sino lo que ese pueblo hace y cómo lo hace. De tal modo que a lo mejor en tu pueblo nació Picasso, pero tu cultura es el arroz negre, la industria de la espardeña y divertirte en familia cogiendo coquinas cuando baja la marea. En mi pueblo, por poner un ejemplo cercano, nacieron San Isidro y Álvarez del Manzano, y a pesar de semejantes símbolos universales mi cultura es la de hacer gestiones desde el alba al ocaso en toda clase de oficinas. Ya ves la diferencia que hay entre las bellas artes y la producción material de los individuos. Pero no estamos aquí para acendrar las diferencias: estamos aquí para partir una lanza en favor de la cultura popular, en nuestro caso, la de la gestión, extrayendo a la vez sus consecuencias para la mentalidad colectiva.

Bien, la gestión administrativa llevada a cabo por los individuos tiene tres características fundamentales que se parangonan hasta cierto punto con las de la propia vida humana: su impredecibilidad, su amplia perspectiva de futuro y su satisfacción inmensa cuando concluye con éxito.

Impredecibilidad, o sea, nunca sabes lo que te va a pasar o nunca sabes lo que te van a pedir. Puede darse la circunstancia de que al solicitar una tarjeta de residente para aparcar tu vehículo en zona restringida, resulte que el depositario de los derechos es el vehículo y no el propietario, de modo que es tu vehículo el que ha de estar empadronado y no tú. Esta circunstancia cambia la relación entre propietario y vehículo creando una especie de dialéctica amo-esclavo en la cual ya no se sabe bien quién manda. En el otro extremo puedes ir temblando al centro de salud para cambiar la dirección de la tarjeta sanitaria (si la Seguridad Social no te hace temblar, nada lo hará en este mundo) y resultar que el asunto queda zanjado en media hora, cola incluida. Esta imprevista prontitud crea en el usuario el síndrome del funcionario loco. ¿Y si quien me ha atendido era un impostor? ¿Cómo sé yo que la señorita del ordenador no estaba bebida?

Perspectiva de futuro, o sea, tienes todo el futuro por delante. Aunque algunas gestiones se acaban más o menos en el presente, la mayor parte son optimistas, es decir, esperan lo mejor del porvenir. Así por ejemplo la línea telefónica si vives en Torrelodones (la ADSL ni te cuento) o la revisión del gas. Al optimismo suele acompañarle una paciencia infinita, virtudes que otras culturas no producen.

Satisfacción inmensa en el éxito. No solamente es que no te lo creas, es que te dan como ganas de hacer más gestiones, de no parar, de planear nuevas hazañas. Hay gente que lo deja todo, familia, amigos y trabajo, no solamente porque no le queda más remedio, dada la categoría del empeño, sino por gusto, por vocación, porque ven una luz allá al fondo del pasillo reflejándose en la ventanilla de la Verdad.

© 2008 Alejandro Gándara

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