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Etiquetas: Columna, ABC

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Hillary y nosotros

Alejandro Gándara

02/9/2003

Lo mejor de las memorias de Hillary Clinton, y también de su forma de enfrentarse a las cámaras, es esa aspiración a la transparencia del personaje, en lo privado y en lo público, derivada quizá del sueño americano. Ese sueño, lleno de palabras soñadas como libertad e igualdad, es similar a cualquier sueño: para tenerlo hay que cerrar los ojos a la realidad de la vigilia. Soñar no impide, por tanto, que uno se despierte en mitad de un vertedero y es probable que hasta lo exija. En cualquier caso el contraste entre la política estadounidense y la europea está relacionado con esa biología del día y de la noche, de las fantasías oníricas y de la jungla de la supervivencia diurna que en el organismo individual tienden a compensarse mutuamente y que en la política tienden más bien a devorarse.

A los europeos la vigilia -o sea, la selva cotidiana- se los come. Todo se transforma en amenaza, en incertidumbre y en merienda de negros, en dimes y diretes, en jerarquías de foto y en un apego profundo a la pose, una especie de oficina siniestra donde la gente ya no sabe si se juega los garbanzos o la piscina de riñón, o si juegan por jugar. Francia se hunde en una catástrofe de reproches por la ola de calor, Berlusconi llama capo a un diputado alemán, Antonio Tabucchi denuncia un golpe blando de Estado en Italia, varios países están ya pensándose planes de estabilidad ante la regresión incesante mientras los sindicatos entrenan el rodillo, la Comunidad de Madrid sigue al pairo después de una investigación que arrojó los mismos resultados que si nadie hubiese investigado nada, en fin, todo en plan tensiones de negociado, de ascenso a contable de primera, de la secretaria del director me ha dicho, de éste es un  pelota y aquel un trepa, por no hablar de la salsa rosa de la sucesión de Aznar y por no hablar, sobre todo, de Álvarez Cascos y su concepción de las obras públicas como fuerza de choque contra el frente popular del sentido común. Repito, la oficina siniestra en el mes antes de las vacaciones. Sólo que sin vacaciones.

Mientras los estadounidenses siguen hablando de su american way of life con un desparpajo fruto de no haber salido a la calle todavía tras un reparador sueño de dos siglos, los únicos europeos que se sienten verdaderamente europeos son los que aún no han conseguido entrar en la Comunidad Europea. En este aspecto los europeos miembros parecen españoles, una de las especies precursoras en dejarse devorar por la vigilia. El sueño europeo a los europeos les parece sólo eso, un sueño, y en consecuencia el sueño americano les parece una atracción  de Disneylandia. Aquí hay que estar despierto todo el día, porque nunca se sabe que está tramando el vecino o adónde ha ido a parar Álvarez del Manzano. Aquí Hillary Clinton sería una contertulia de Crónicas Marcianas o haría anuncios de azulejos como Isabel Preysler.

© 2008 Alejandro Gándara

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