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Etiquetas: Columna, ABC

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La tesis inversa

Alejandro Gándara

29/7/2003

Que Rodrigo Rato presente su tesis a estas alturas debe ser motivo de reflexión general y de inquietud personal, por lo que a mí se refiere. Yo pensaba que uno escribía la tesis y más tarde era ministro, no sé, que los pasos eran al revés. La sensación que se queda es como si alguien después de haberlo conseguido todo en la vida quisiera mejorar sus notas del bachillerato y se matriculara en el instituto. O como si Berlusconi descubriera a última hora que su vocación es locutor de radio. Esto último ignoro por qué se me ha ocurrido.

Imaginemos por un momento que la vida es al revés. Que te casas y tienes hijos para tener al fin una madre, hacer el gamberro y que te castiguen sin postre. Que alcanzas una posición respetable en la sociedad de tu tiempo para tener amigos con los que jugar al fútbol (el fútbol es muy traicionero: por mucho que te guste, si no encuentras colegas, no juegas). Que lees todos los libros de la Biblioteca Nacional para poder decir sólo sé que no sé nada. Que escribes novelas para que te dejen escribir columnas. Que viajas mucho para regresar de una vez a la aldea en que naciste. Que te mueres para ponerte a parir la posteridad. Y así todo el rato. De modo que ser ministro para escribir la tesis es una minucia, lo mires por donde lo mires.

Vistas las cosas de este modo resultaría que todas nuestras ansias y padeceres por conseguir lo que se supone que queremos se quedarían en un saludable picor, tanto si las conseguimos como si no. Irías relajadamente al matrimonio, sin  la obsesión de que te saliera bien y de ser nombrado el mejor cónyuge del grupo de amigos (tengo un conocido que ha sido nombrado recientemente y está agotado de la tensión). No te preocuparías en exceso de que te ascendieran en el trabajo, ya que sabrías que al final de toda pirámide social hay un campo de fútbol. No te importaría que los libros no se te quedaran en la cabeza. Escribirías novelas sin la angustia de la promoción, de la crítica, de la lista de libros más vendidos. Sólo atento a que un director de periódico te echara el ojo. Te daría igual hacerte viejo, dado que al final todo lo que muere acaba en el paritorio. Etc.

Lo que pasa es que todo esto crea mucha inquietud, en particular a los que pensábamos que la vida era ascendente o, por lo menos, acumulativa, que había un punto de partida en correspondencia con uno de llegada. Lo cual desde cierta perspectiva no dejaba de ser un consuelo, puesto que la birria que somos hoy en día podría ser refutada en el futuro por una mejora intensa de nuestras cualidades y condiciones. No importaba demasiado lo mal que te fuera en el presente, porque el tren que te conducía al porvenir aún no había llegado. Claro, que lo que yo no sé es qué clase de consuelo procura el ser doctor. Ya tengo tarea para el verano. No hay forma de vaciar la cabeza.

© 2008 Alejandro Gándara

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