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Etiquetas: Columna, ABC

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Gobierno de coalición, ¡ya!

Alejandro Gándara

16/6/2003

Da la impresión de que vivimos en un mundo donde cada vez hay más responsables y cada vez menos culpables. Pienso -inevitablemente- en lo que ha sucedido en la Comunidad de Madrid, donde un par de estropajosos han sido capaces de desenchufar el sistema democrático. Tal como suena. Y la respuesta a este delito sedicioso ha sido una inacabable retahíla de acusaciones e interpelaciones a la responsabilidad de gente que no era el par de maleantes. Responsable se ha hecho a Zapatero porque eran de su partido, a Blanco por haberle fallado el olfato, a Simancas porque los coló en la lista, al PP por tratar con el sector inmobiliario, al sector inmobiliario por dedicarse a las inmobiliarias, a los instigadores por instigar y, a este paso, al camarero que les sirvió el día de autos el desayuno, al taxista que los llevó en taxi y al Sáhara por la ola de calor que derritió el cerebro a los delincuentes. A poco que esto se desmande acabaremos por romper relaciones con los países que limitan con algún desierto, incluido el del Gobi.

Esta perversa forma de entender el mundo es la que realmente lo pone todo patas arriba. Al cabo de un rato la sociedad entera es responsable de cualquier daño que se le hace, por encima de quien lo ha hecho. Una sociedad tan expuesta es lógico que se vuelva frágil, y que viva siempre acechada por cualquiera de las irregularidades que de por sí produce la vida.

Los que se quedan roncos de pedir responsabilidades sí son, en cambio, los responsables de esparcir la niebla en la que se camuflan los verdaderos culpables. Es en ese puré de guisantes donde cabe mezclarlo todo para que termine no sabiendo a nada: desde la política urbanística de unos y de otros a la polémica de cómo salir del atolladero, pasando por un mar de sospechas mutuas cuya conclusión es la indiferencia del que hace cola para votar. A estas alturas la clase política ya debiera saber que todas las salidas a la situación madrileña son malas, y no debiera olvidar que está dejando atrás la única buena: que los maleantes entreguen el acta de diputado a causa de lo que son, o sea, maleantes. No arriendo las ganancias a unas nuevas elecciones (que, por otro lado, darán una lección magistral de cómo boicotearlas en el futuro), ni las arriendo tampoco a una investigación del PSOE sobre los instigadores de la corrupción (que puede acabar en cualquier sitio y de cualquier manera, sin que sepamos más que ahora ni estemos más convencidos).

Si la solución buena no puede finalmente llevarse a cabo a través de todas las coacciones que un equipo de cerebros malignos planee para culminarlas, entonces los políticos de Madrid están abocados a la grandeza: una coalición de los tres partidos, un gobierno de todos para paliar el mal de todos. Y así, mejor que de ningún otro modo, se dará una lección de cómo convertir un mal en un bien.

© 2008 Alejandro Gándara

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