Fotografías > Escenarios de El día de hoy
- “Puerta Cerrada, corazón del barrio de La Latina y encrucijada de caminos en la novela. En uno de sus ángulos se levanta este descomunal trampantojo que también aparece en el relato, pero con la leyenda cambiada por una expresión de la “Eneida” virgiliana: lacrimae rerum, o sea, que también las cosas tienen sus lágrimas.”
- “En este café sucede una de las últimas escenas de la novela, en la que se cruzan varios acontecimientos. Está en Puerta Cerrada, junto al trampantojo, y uno de sus laterales corre por Arco de Cuchilleros. Ángel Santiesteban, el narrador y padre de Goro, no lo frecuenta mucho porque le resulta caro y puede que algo glamouroso. Le va más el estilo tasca o bareto, pero las razones no son sólo económicas.”
- “La casa de Bai Yu. En lo alto puede apreciarse la terraza que se supone va a ajardinar Ángel Santiesteban, si es que consigue deshacerse de los efectos que la dueña del ático ha causado en él. La casa declina suavemente por la calle Segovia, justamente a la salida de Puerta Cerrada, y su tonalidad destaca especialmente en los atardeceres intensos. Es un edificio que, dependiendo de la hora, puede resultar esotérico o romántico.”
- “El callejón del Nuncio. Enfrente aparece el Palacio del Nuncio, y a la derecha se observan las banderas del Consejo Europeo de Municipios. Jefe, el golden retriever que casi protagoniza la novela, tiene la costumbre de orinar a las puertas del palacio nada más salir de casa, algo que avergüenza ligeramente a su dueño. El edificio del Consejo sale en varias ocasiones en el relato por motivos distintos. Tanto uno como otro están en el extremo bajo de la cuesta de la Travesía del Almendro, domicilio de los Santiesteban.”
- “Travesía del Almendro, la calle de los protagonistas. Su domicilio hay que situarlo en el último piso del edificio ligeramente más bajo de la acera izquierda. Una pequeña enredadera cuelga del balcón. La Travesía comunica la calle del Almendro (de la Cava Baja a San Andrés) con la del Nuncio (de Segovia a la iglesia de San Pedro el Viejo). El hogar de los Santiesteban tiene 80 metros cuadrados distribuidos en dos alcobas reducidas, un saloncito, un office, una cocina y un baño.”
- “Pretil de Santisteban. Ángel y Goro descubren que una de las calles paralelas a la Travesía del Almendro lleva su apellido, pero sin la e de Santiesteban. Para el padre es una señal propicia a su deseo de que todo les vaya bien en Madrid (se han trasladado desde un pueblo de la sierra). Goro sigue sintiéndose extraño en el barrio, aunque lo cierto es que su capacidad de sentirse extraño es casi universal. El Pretil de Santisteban sube desde San Pedro el Viejo a la calle del Almendro.”
- “Iglesia de San Pedro el Viejo. Edificada sobre una antigua mezquita, esta iglesia del barroco madrileño es de las más visitadas de la ciudad. En ciertas festividades, las colas de peregrinos que hacen sus votos y rogativas a la imagen de Jesús el Pobre que se conserva en el interior ocupan toda la calle del Nuncio y parte de la de Segovia, varios centenares de metros. La novela cuenta una escena de violencia en la grada del atrio, y es también el lugar de encuentro entre Ángel y el turuta Fidel.”
- “Calle del Príncipe Anglona. Los palmitos en sus alcorques de cemento son citados en la novela como un ejemplo de excentricidad, pero también de elegancia. En realidad, esta calle simboliza para Ángel Santiesteban la vida de los otros, de los ricos casi genéticos, de la existencia y los mundos estables… Como es sabido, la imaginación se nutre mucho de lo que falta. Al final de esta calle opulenta, se halla el Jardín del Príncipe Anglona, territorio sagrado de la novela, en uno de los topes de la Plaza de la Paja.”
- “Así aparece el Jardín de Anglona al final de la calle Príncipe de Anglona, siguiendo el trayecto que recorren habitualmente Ángel y Jefe, el golden un poco obsesivo. Por encima del cerco, se ven las ramas cargadas de los ailantos (“el árbol que mira al cielo”). Este jardín es el lugar de retiro, ensoñaciones y meditación del narrador, cuya profesión además es la de jardinero.”
- “La Plaza de la Paja, vista en un día de resaca de celebraciones veraniegas. Al fondo, la Capilla del Obispo y las cúpulas de San Andrés, la iglesia barroca más antigua de Madrid y de las más antiguas de Europa. Jefe pasa aquí la mayor parte de su tiempo de recreo. En su límite inferior, está el Jardín de Anglona, fuera de encuadre, así como también queda fuera el Colegio de Huérfanos de San Ildefonso, hacia la derecha, lugares todos ellos que han marcado desde la infancia al narrador de la novela.”
- “Interior del Jardín de Anglona. Se aprecian grandes contrastes entre el volumen de la arboleda y el recorte de los parterres. Hay dos grupos de frutales en los ángulos Este y Oeste, En ese sentido trascurren también dos pérgolas con rosales. El suelo está montado a sardinel, para marcar el ritmo de los pasos. El jardinero de la novela explica cómo contemplar un jardín y su teoría de los acordes.”
- “El Jardín de Anglona es del tipo hortus conclusus, un diseño característico de los siglos XVI y XVII (Velázquez pintó dos de ese estilo en la Villa Médicis): pequeño, recoleto, bien aislado del exterior por muros y barreras de grandes árboles (ailantos, acacias, castaños de Indias), está orientado a la soledad y a la reflexión. Éste se construyó a mediados del XVIII, siguiendo cánones anteriores. Ángel Santiesteban lo considera casi perfecto. En España ya no quedan muchos de este estilo y tan bien conservados, ninguno.”
- “Colegio de Huérfanos de San Ildefonso. Aquí pasó su infancia Ángel Santiesteban, entre niños de la suerte y las tradicionales clases de esgrima de esta institución. En la novela cumplirá un papel actual. La fundación del colegio data de mediados del XVI y su situación actual, en la calle de Alfonso VI, es de 1884 (antes estaba en la Carrera de San Francisco, a un par de manzanas). Los niños de San Ildefonso cantaron la Lotería Nacional por primera vez en 1771.”
- “La calle del Granado, en uno de los callejones que circundan el Colegio de San Ildefonso, tiene efectivamente un granado. Este árbol, según varias tradiciones religiosas y gentiles, es un dispensador de deseos. En ciertas épocas del año, particularmente en primavera, se cuelgan de sus ramas los ruegos escritos de los peticionarios. Una de las últimas escenas de la novela sucede justamente aquí.”